martes, 13 de marzo de 2018

Los entendidos

De verdad que muchas veces no entiendo cómo funciona el mundo y hay épocas en que uno quiere que pare para poder bajarse. Y de verdad que llega un momento en el que piensas que nada merece la pena y que estás cansado de todo. Con el tiempo, no voy a decir que las cosas mejoren, pero sí que ves con más perspectiva ciertas cosas; y aunque el agobio por mis temas sigan estando ahí, pues lo cierto es que uno sigue adelante en una lucha constante con el yo interior. Y después de tanto período de reflexión, creo que he salido diferente y transformado, quizá en una visión más oscura y solitaria de mí mismo. Me imagino algo así como una silueta en un rincón que busca el silencio y la tranquilidad para hacer sus cosas sin que nadie le moleste. Para aquellos que hayan jugado al WoW, un sacer sombras, vamos (lo sé, detalle muy friki, pero es lo que soy).
Y después de esta parrafada pseudo-profunda, le estaba dando vueltas a una idea que se me viene a la mente estos días. Y es la cantidad de entendidos que hay por el mundo. Hace tiempo hablaba de la cantidad de expertos que salen desde el mundo periodístico cuando hay una noticia. Ahora pienso que es algo en general. 
El caso del niño Gabriel, con su fatal desenlace, ha hecho aflorar al cliente de barra que hay en todos nosotros, y ves a gente dando opiniones que más que propias, podría decir que son copias de lo que van escuchando en las tertulias televisivas y radiofónicas, y que a veces dan miedo porque se revisten de unos datos y unos conocimientos que no sabes muy bien interpretar; hasta que te das cuenta de que son frases dichas sin el más mínimo conocimiento, ni jurídico, ni policial, ni psicológico, ni nada que tenga la más mínima profesionalidad. Simplemente nos hacemos los entendidos en la materia mientras dura la noticia, a base de repetir frases e ideas que nos van soltando por la red. 
Ahora, te explicarán el perfil psicológico de la detenida, te dirán que ya se veía venir y que sospechaban de ella desde que apareció en el programa de Susanna Griso por primera vez. Luego te dirán que la policía ya lo sabía desde hacía días, porque por los movimientos donde buscaban le hizo sospechar que tenían alguna pista. Otros te hablarán de qué es la cadena perpetua revisable, y te darán explicaciones de cómo funciona (con algún error de base, eso sí), y de las posibles modificaciones legislativas que se avecinan. Y todo esto, mientras guardan su compra en la bolsa, esperan su turno en la carnicería o se toman la tostada en el bar. Que la profesión no está reñida con los quehaceres diarios. 
Es increíble cómo el canibalismo mediático de una noticia hace a la gente "expertos" en uno o dos días, y cómo nos sentimos opinadores legitimados en un sólo día. Y de trasfondo, la mayor de las miserias humanas hecha crimen. ¡Qué pena todo!



miércoles, 2 de agosto de 2017

180º

180º, o 360º para los que desconocen lo más básico de la geometría, son los grados que te gira la vida cuando menos te lo espera. 
En mi caso, no es que me haya dado un vuelco por completo. Simplemente que tenía unos planes de verano que me han cambiado radicalmente. Hace unos meses tenía prometido a mi chico que nos iríamos de vacaciones al extranjero, como homenaje por llevar un año tan bueno y en el que hemos estado más ocupados en lo laboral, pero más desahogados en lo económico (a ver, tampoco para tirar cohetes, pero un viaje sí que nos merecemos). Después llegaban las dudas acerca de si mudarnos de casa, más que nada porque mi calle es un horror que a diario más parece la Gran Vía que la calle de un pueblo. Y con ello, los planes de ahorrar porque las opciones que barajábamos implicaban soltar dinero. Así que las vacaciones simplemente eran irnos de camping por la geografía patria, y unos días a la playa con los amigos, por aquello que ya lo teníamos tratado. 
Y lo bueno viene hace unos días, cuando convocan unas oposiciones que llevaba tiempo esperando, así que me obligaban a ponerme ya mismo a estudiar (y dejarme de relajar tanto en verano, se acabaron las tardes de piscina y los tocamientos ovoideos), se acabó el hacer el vago y perderse en mil tareas. Toca centrarse en lo importante. Me quedaba disfrutar el verano en compañía de mi chico, en casa, con un té con limón y edulcorante en una mano y un lápiz subrayador en la otra. Pero no.
Un día después, a mi chico le sale un nuevo trabajo que nos jode definitivamente cualquier viaje, incluso el que ya tenemos pagado. Que le hace no sólo no estar cuando llego a casa, sino que le va a obligar a pasar la semana fuera. Y a mi me obliga a pasar las vacaciones estudiando y solo en casa, sin más viaje que el que haré previsiblemente en compañía de dos parejas de amigos, como sujetavelas oficial, y en el mejor de los caso, en compañía de algún amigo más que quiera ocupar la cama que mi chico va a quedar libre. 
Peeeeeeero, como no hay dos sin tres, el dueño de la casa que vimos acepta las condiciones (por mi parte más que razonables y bastante pocas para lo que sería un alquiler en cualquier pueblo que fuera medio normal), así que aprovechando al vuelo la ocasión, además en las vacaciones me voy a meter entre pecho y espalda una mudanza, que para colmo encima me va a tocar en su mayor parte, dado que mi chico está bastante más que ocupado ahora mismo...
Ainsss, ¡¡qué giros da la vida!! Y yo que me había prometido un verano tranquilo, feliz, sin obligaciones y prácticamente para tirarme desde el sofá a la piscina, desde la piscina al hotel, y vuelta a empezar...


P.D.: Tengo prometido una entrada al blog sobre el alquiler de vivienda en mi pueblo. En cuanto pueda, lo hago. Palabrita del Niño Jesús.

lunes, 24 de julio de 2017

Vivir en un pueblo

Inevitablemente cuando uno vive en un pueblo, y más si es en uno tan aislado como el mío, te preguntan repetidas veces si te adaptas a vivir aquí, o si te gustaría vivir en un sitio más grande (no digo ciudad, sino incluso un pueblo más grande). Y lo cierto es que hay que plantearse las ventajas e inconvenientes de vivir donde vivo.
Supongo que será muy diferente vivir en un pueblo u otro dependiendo de la distancia a una ciudad, los servicios que te ofrezca o miles de cosas, pero yo voy a escribir en concreto sobre el mío. Pegados a Portugal y, como me encanta decir a boca llena, a tomar por culo de cualquier ciudad (96 km. hasta Cáceres y 86 hasta Badajoz). Creo que debe de ser uno de los sitios más aislados que hay, porque en los alrededores no hay nada, ningún pueblo mayor que te ofrezca más servicios. Tan sólo si viajas, encontrarías la pequeñita ciudad de Portalegre, en Portugal, a 50 km. Esto también ha hecho que puedas encontrar aquí más servicios de los que serían habituales en un pueblo de este tamaño. 





Pero el aislamiento no es sólo cuestión de distancia, también de servicios. Y en concreto, los servicios de transporte público son una auténtica mierda. Un servicio ferroviario casi inexistente y un servicio de autobuses cuanto menos deficiente, que no te permiten, por ejemplo, viajar a la capital de Extremadura y volver en el mismo día ni de lejos, cuanto menos arreglar cualquier papeleo en la ciudad. Por ese motivo, aquí tenemos una tendencia natural a obtener el carné de conducir y comprarnos un coche: es la única manera de poder tener independencia y poder salir del pueblo.
Y como creo que he empezado por las desventajas, continuaré diciendo que las opciones de ocio son limitadas. Por supuesto no hay centros comerciales ni cines. Y las actividades de ocio vienen cuando pueden venir, en días concretos, por eso hay que aprovechar lo poco que hay. Como todo, creo que al final es una cuestión de adaptación al medio. Es decir, como hay pocas cosas, te obliga a aprovechar las pocas oportunidades cuando surgen, ya sea yendo a un concierto o festival, estando en la asociación de amigos del cine para ver películas, asistiendo a un teatro en el fin de semana en que se representa en el pueblo, o yendo a las fiestas locales de los alrededores. Te obliga a ser práctico. No tienes muchas opciones, pero las que tienes, se aprovechan. Quizá no tengas un club de taekwondo, pero sí tienes gimnasio, club de rugby, de fútbol, de atletismo y más, si no haces deporte es porque no quieres hacerlo, no porque no puedas. Igualmente con otras cosas. Tienes decenas de asociaciones, si no quieres aburrirte. Tan sólo no puedes ser exigente con lo que busques.
Esa es otra de las ventajas: hay asociaciones para todos, mayores, pequeños... desde clubes deportivos, música, teatro, asociaciones de labores tradicionales, caza, pesca, asociaciones de jóvenes, escuela de idiomas, incluso un taller de danzas africanas, por decir algo más exótico. Yo desde luego no tengo tiempo para tanto, y lo digo con conocimiento de causa, porque he tenido que retirarme de actividades por falta de tiempo. 







Por otra parte, ventaja es también el hecho de tener tiendas para comprar todos los productos más habituales que se puedan necesitar, lo que apenas te obliga a recurrir a comprar fuera si no quieres, salvo productos más especializados. Y además, hoy en día con las compras por Internet, incluso estos productos que no encuentras los puedes tener en la puerta de casa, porque la mensajería aquí funciona muy bien.
Más ventajas: la tranquilidad y el paisaje. Y es que, salvo en verano que tiene más turismo, se puede decir que es un pueblo muy tranquilo, donde pasear sin estrés, y con unos paisajes que son maravillosos, y sitios espectaculares a pocos kilómetros de distancia. Uno realmente valora la tranquilidad cuando pasas por el estrés de una ciudad, el tráfico, las prisas. Aquí todo va tranquilo, y sentarte en una terraza sin mirar el reloj es una gozada, pero dar un paseo por la tranquilidad del campo es un lujo.



Tener Portugal al lado también es una ventaja, porque te ofrece más posibilidades y te da una perspectiva intercultural increíble, además de hacerte más abierto de entendederas. A mi, por ejemplo, me encanta acercarme cualquier día a tomar un café a Portugal (muuuuuuuucho mejor que el café que te sirven en España, y ya no digamos en Madrid), mientras veo el paisaje, escucho el acento portugués y me siento internacional. Te hace sentir que vas de vacaciones en apenas 15 minutos. Marvão es una visita obligada, y ya muchos valencianos la consideramos como una parte más de nuestro pueblo






¿Y finalmente prefieres el pueblo o la ciudad? Pues la verdad que ahora mismo no sabría decir. Es cierto que son muchas las ventajas, pero también es cierto que me pesan más otras cosas que no son propiamente el pueblo, sino el tener a los amigos fuera de aquí (con lo que echo de menos el quedar más con ellos sin tener que viajar), y también el que puede ser muy muy coñazo trabajar en el mismo sitio en el que vives (especialmente en un sitio tan pequeño). A día de hoy, creo que necesitaría cambiar de lugar simplemente por tener nuevas experiencias.

PD: Aquí yo actuando mientras voy más chulo que un ocho bajando las escaleras que ni Norma Duval.


PD2: los cubatas son más baratos en un pueblo; sólo te cobran lo que tomas, no la botella entera.

martes, 28 de marzo de 2017

Tercera regional del primer mundo

A veces uno tiene la sensación de que nuestra región está a la cola de la cola, otras veces que se está muy tranquilito en este rincón del mundo. Y es que todo depende del punto de vista y del espejo en el que nos reflejemos.
Si comparas Extremadura con Europa, te das cuenta de estamos en la parte de atrás, en una región periférica, pobre, despoblada, con gran desempleo y pocas industrias, y pocas posibilidades de progresión. Te das cuenta de que somos una región casi prescindible, donde más que vivir, se sobrevive. Somos, por así decir, jugadores de regional en una Europa de equipos de primera y segunda división. Vamos, pero despacito. Jugamos, pero sin brillantez. Tenemos, pero sólo pequeños destellos al reflejo de una gran luz. Sentimos, pero nuestras gradas están casi vacías. Somos la cola de un país a la cola de Europa (por mucho que nos quieran vender que España es uno de los países importantes de la UE, tengo la sensación de que no dejamos de ser el lastre que se arrastra).
No obstante, si uno quiere sentirse bien, no tienes más que comparar la situación de nuestra región con países que lo pasan mal, donde hay hambre generalizada, penurias en cada casa, emigración masiva, guerra, sequías, o simplemente sinrazón humana. Es el único consuelo que nos queda, pensar que somos pobres, pero ¡qué tranquilos vivimos!
Si preguntas a cualquier extremeño, te dirá que no hay grandes cosas, pero que nuestra calidad de vida es alta, que aquí se vive muy bien.
Y ya. En esta entrada, no hay moraleja. Cada cual decida la suya.


lunes, 20 de febrero de 2017

Excusas para el amor

Hay tantas personas que se quejan de que el 14 de febrero fue un invento de El Corte Inglés, de que el día de los enamorados es una bobada, que uno comienza a pensar que es una excusa para venderles a sus parejas su falta de romanticismo.
Yo entiendo que uno no necesita un día concreto para celebrar el amor por tu pareja. Pero no es menos cierto que hay que demostrarlo de vez en cuando para reavivar la relación y darle vidilla al asunto. Porque muchos olvidan que a nadie le amarga un dulce, y que hay que decir "te quiero" de vez en cuando, y que hay que hacer alguna bobada de vez en cuando para demostrar lo que se dice con palabras.
Y es que no hay cosa que me dé más rabia que aquella excusa de "es que yo no soy romántico". Excusa barata donde las haya. A ver, yo tampoco soy de levantarme antes de las 8 de la mañana, y no queda más remedio si quiero conservar el empleo. ¿Cuánto no harías por tu pareja?
San Valentín no es más que una oportunidad para demostrar algo que hay que seguir cultivando el resto del año. Y no, mente carente de imaginación, no hace falta gastarse dinero, no hace falta comprar tal o cual cosa si no quieres. Se trata de demostrar el amor, y eso es gratis, sólo hay que dejar volar la imaginación. Si no se te ocurre nada, siento decirte que tienes un problema grave, o quizá no estés enamorado.

PD: Al igual que este sentimiento, se puede hacer extensible esto mismo a cualquier otro. El caso es demostrar las cosas sin importar que sea 14 de febrero o 21 de junio. Léase amor por la familia, fiesta con los amigos, concienciación ambiental o váyase usted a saber lo que necesitamos celebrar y recordarnos una vez al año.


viernes, 27 de enero de 2017

"No sé por qué te quiero"

Ahora que se acerca el fin de semana, todos tenemos derecho a ponernos tiernitos, a acurrucarnos en el regazo de nuestra pareja y hacernos carantoñas, y ahora que fuera está frío, llueve y hace viento, es cuando mejor se está dando y recibiendo cariño bajo las mantas o junto al brasero, sintiendo la sonrisa cómplice y probando besos de caramelo.
Y como yo paso la semana solo en casa y cuando llega el finde tengo reencuentro, aún noto más estas cosas, puesto que la espera te hace desear mucho más lo ver a la persona que quieres. 
Y como no hace falta decir mucho más a aquellas personas que tienen pareja, porque saben de qué estoy hablando, y no hay que regodearse ante aquellas que no han encontrado con quién compartir su amor, acabo y dejo una canción para ponerse blanditos y a punto de nieve.

miércoles, 25 de enero de 2017

Todo está en el color con el que se mire

En los últimos días, ha saltado a la palestra la noticia de que, en Murcia (si no me equivoco), una serie de encapuchados había dado una paliza a una joven a las puertas de un bar. En ese primer momento, se comentaba que qué hijos de puta, varios contra una chica indefensa, algunos decían que si habría pasado algo dentro del bar, en fin, un no saber.
Poco después, saltan los rumores de que la chica en cuestión es neonazi y que podría estar allí por una congregación de ellos para un partido de fútbol, y ya siguió el disloque. Unos justificando la paliza porque era una nazi y una facha que hacía lo mismo con otros. Otros, asegurando que unos radicales de izquierda habían dado una paliza a una presunta extremista de derechas (obsérvese aquí que en este caso sólo se concede presunción a ser de derechas, a los radicales de izquierdas no hay que darles lugar a dudas). Un disloque, como he dicho.
Esta sociedad hipócrita que hemos montado, sesgada sin vergüenza, donde ya nadie tiene ni siquiera la intención de ser justo ni imparcial, es la misma que justifica unas cosas y condena las mismas en función de quién sea el autor o el damnificado. Puedes justificar una paliza a una mujer, y luego decir que «murió», como si hubieran sido causas naturales, pero después si alguien fallece a manos de un extranjero, éste «le mató». Puedes quitar hierro a que por la calle te peguen por tu orientación sexual «porque esos maricones iban provocando, dados de la mano por la calle y se dieron un pico, ¡y había niños!», culpabilizando a la víctima, por no saber ocultar su orientación sexual. O culpabilizando a una mujer que es violada por ir demasiado provocativa, y «decir que no en el último momento» cuando el macho (ese que parece que es un animal y no puede controlar sus impulsos primarios) ya no tiene vuelta atrás. Asco de sociedad.
Donde si haces un chiste de un muerto de hace 40 años te piden pena de cárcel, pero que si te ríes ante sus familias de una artista muerta ayer son «chiquilladas»; si hablas mal del Gobierno o del Rey pueden acusarte de terrorista, pero si amenazas de muerte a un activista social, la policía te dice que ignores sus amenazas.
Y aquí entra la parcialidad de la fiscalía y de los legisladores, de la policía y de los órganos que se suponen tienen que defendernos y defender nuestras libertades y nuestra integridad, garantizada en la Constitución, que parece ser que es sagrada dependiendo del artículo que queramos invocar. 
Por favor, si alguien lee esto, construid en valores. Que los que vengan detrás no tengan que aguantar el servilismo mediático y la parcialidad injusta que nos está tocando vivir. Construid un mundo mejor donde se pueda vivir sin que te maten por ser lo que eres.

martes, 24 de enero de 2017

Adiós, Bimba

Como no podía ser de otra manera, yo también me uno a la despedida unánime de Bimba Bosé, una tremenda mujer, impresionante no sólo por su carácter, de esos que a través de televisión ya te apabullan y te acongojan, de esas personalidades con las que desearías compartir una charla, también por su físico, que impresionaba aún más, esos rasgos masculinos en lo que llamaban modelo «andrógina», y que no era más que el resultado de un físico espectacularmente atractivo, por aquello de que estaba fuera de toda norma y cánones de lo que «se supone» común. Apabullaban también ese mundo que la rodeaba, el mundo de la cultura, así, en general, pues tanto se la podía relacionar con el mundo de la moda, la música o el cine. Apabullaba por la familia de la que provenía, los Bosé, donde el arte fluye en sus venas.
Supongo que en alguna medida era una desconocida, pues a parte de su faceta pública como modelo y en las apariciones televisivas, no era conocida por su vida privada.
Sin embargo (aparte de los cuatro tontos de siempre que se empeñan en politizar y faltar o exigir respeto según sean contrarios o no a su ideología o pseudoreligión, como el imbécil supino de esta noticia, que además dice ser cristiano, manda huevos, o los twitteros que se valen de su anonimato para soltar mierda en 140 caracteres), tengo la impresión de que era muy apreciada por cuantos la rodeaban y por gran parte del país, por ser un alma libre y que hizo lo que le vino en gana, sin hacer caso a críticas ni a convencionalismos (algo que a muchos nos admira y nos da una envidia sana). Luchó hasta el final e incluso se convirtió en imagen de la lucha contra el cáncer, dando todo para visibilizar esta enfermedad y perder el miedo a nombrarla.
Así que como dice su tío Miguel: buen viaje, Bimba.



lunes, 23 de enero de 2017

Dos por uno

Dándole vueltas este fin de semana a la toma de posesión de Donald Trump, uno empieza a reflexionar sobre lo que echará de menos. Realmente no puedo decir que haya nada destacable que echaré de menos del presidente de los Estados Unidos, puesto que a pesar del mundo globalizado la mayoría de las decisiones que tome nos quedan muy lejanas y apenas nos llegan ecos. Salvo su discreción y la falta de escándalos, claro. Y eso me lleva a pensar que quizá lo que más eche de menos sea a su mujer, Michelle.
Y no por el hecho de admiración de mujer florero como en otras ocasiones ha podido ser, sino por ver cómo de carismática puede ser una «primera dama», no sólo en sus discursos comprometidos con las causas sociales, sino por el ejemplo que supone en su lucha por los más jóvenes (supongo que principalmente por lo ejemplarizante que me ha parecido intentando fomentar la alimentación saludable y el ejercicio en jóvenes), sus divertidas apariciones en programas de televisión y en todo tipo de retos virales (mannequin challenge, selfies, gags con youtubers, y un largo etcétera), su elegancia que hace sombra a la misma Jackie Kennedy, y sobre todo, lo que supone asumir un cargo de segunda de a bordo no electa, con sus responsabilidades y sus limitaciones, siempre objetivo de críticas y atada a un viejo papel de adorno de un hombre. Supongo que en un mundo justo, quizá fuera ella la presidenta del gobierno y él el primer caballero. Aunque en este caso parece que ambos han hecho méritos suficientes para ocupar el cargo principal del país (y sí, a pesar de que no creo que el premio Nobel sea merecido ni justo). Echaremos de menos esa normalidad extraordinaria.


jueves, 19 de enero de 2017

Y me llamarán mentiroso

Pues hoy no iba a haber entrada en el blog, pero me ha pasado una situación que aún me tiene perplejo:
Quince minutos atendiendo a una persona al teléfono, explicándole sucesivas dudas con respecto al funcionamiento de las ofertas de empleo (aclaro, soy técnico en una oficina de empleo), y finalmente me protesta de forma muy airada que por qué la llamamos tanto a trabajar, que no lo entiende; que es que no puede ser que haya salido hace poco de trabajar y ya la estemos llamando de nuevo para trabajar en el ayuntamiento, y que así no hay manera de que junte el año de antigüedad en el paro para poder cobrar una renta de inserción.
Y claro, yo intentando razonar que el problema sería que NO la llamásemos, que no entiendo por qué es un problema que le ofrezcamos un puesto de trabajo, y ella erre que erre en que estábamos haciendo algo mal, porque eso no era normal, que no podía ser, y que qué podía hacer para no salir en ofertas de empleo y cobrar tranquilamente su paro.
En este punto, decir que no es la primera vez que me pasa. De hecho, es bastante habitual que nos planteen cada mes un par de personas la cuestión de que no quieren ir a trabajar. De hecho, en mi oficina —que es bastante pequeña— tenemos unas 15-20 sanciones al año de personas que no se presentan a una oferta de empleo o la rechazan directamente (en ocasiones incluso perdiendo de uno a tres meses de prestación o subsidio). Pero lo que me ha dejado perplejo esta vez ha sido el desparpajo y el enfado que tenía la señora por tener un empleo. Aún estoy alucinando.

miércoles, 18 de enero de 2017

El sol vuelve a salir cada día

Una de las máximas más incontestables es que el sol vuelve a salir cada día. No importa lo que hagas, lo que suceda en el mundo, las nubes que haya delante o incluso si hay un eclipse. El sol día tras día vuelve a salir. 
Bueno, siempre estará el listillo que hable de los movimientos astrales, la creación y destrucción de soles y galaxias e incluso de posibles catástrofes astronómicas. Pero salvando que ni yo ni parientes cercanos estaremos presentes en la extinción solar, creo que podemos hacer un ejercicio de concentración en los milenios que el ser humano camina sobre el planeta.
Y es que ha habido hitos importantes en nuestra historia, guerras, personajes relevantes, figuras históricas, reyes y emperadores que se creían más poderosos que la propia naturaleza. Y a pesar de todo, el tiempo ha pasado sobre ellos, y el sol sigue saliendo como cada día, sin importar lo que hayan hecho. Dicho así, parece que voy a lanzar un mensaje pesimista; pero es todo lo contrario.
El hecho es que a pesar de nuestros problemas, de lo insalvable que nos pueda parecer una situación, de que parezca que el mundo se acaba y no llega el día siguiente, que no veamos la solución a algo, en definitiva, que algo es lo más importante del mundo, a pesar de todo eso, el sol volverá a salir al día siguiente, volverá a brillar con la misma fuerza irradiando su luz y su calor en todas direcciones. Y aunque se oculte tras nubes oscuras, sigue brillando, y estará ahí cuando las nubes pasen. Día tras días. Sin importar lo difícil que veamos nuestros problemas. 
Ánimo.


martes, 17 de enero de 2017

Sacar energías

Supongo que todos pasamos por épocas en las que nos cuesta sacar nuestras energías y ánimos para hacer cosas. Queremos y no llegamos, y nos pasamos el día pensando en todo aquello que queremos hacer y parece que más que dirigir el timón, sobrevivimos al temporal. Y van pasando los días, y vemos tareas que se van acumulando poco a poco, llamadas que se postergan, y llegado fin de semana sólo vemos horas para poder dormir y descansar, pues para poco más dará.
Y así va pasando una semana y otra, hasta que un día nos levantamos, vemos el sol brillar, la temperatura nos parece óptima y no nos duele nada en el cuerpo, y además tenemos ganas de colocar, limpiar, abrir la ventana y que entre aire limpio.
Son esos días los que hay que aprovechar para hacer cosas, porque en mi caso, son pocos días al año esos que brillan con luz propia. Lo normal es que me encuentre en ese semi-estado de letargo y se vayan acumulando cosas.
Estos días estoy un poco así, por un medio resfriado o medio gripe, vaya usted a saber qué, que me tiene bajito de energías y de ánimos, y sólo me da para estar en el sofá viendo la tele (programas de mierda, para más inri), y expulsando virus en forma de mucosidad. 
Y ya que los llevo por millones a todas partes conmigo, aparte de no sentirme solo, podrían ayudarme con la lavadora y la plancha...

PD: Últimamente cuando llego a un sitio saludo diciendo «ya hemos llegado, yo y todos mis virus». Así me siento menos solo.


martes, 10 de enero de 2017

La normalización de la sirvengozonería

Cuando una noticia viene repitiéndose en el tiempo, o al menos una serie de noticias similares, parece que se empieza a producir un hartazgo generalizado. Primero parece que uno empieza a comentar que «otra vez lo mismo». Después viene la insensibilización. Esto lo he podido comprobar desde que era pequeño, con aquellas campañas contra el hambre en África, en las que las imágenes de desnutrición infantil se repetían una y otra vez en las horas en las que estábamos comiendo. Primero nos quejábamos de que otra vez ponían esas imágenes que te removían por dentro y te quitaban el hambre. Con el paso del tiempo podías seguir comiendo tranquilamente mientras veías las hambrunas impávidamente. 
Al pasar de los años he seguido viendo lo mismo. Y como siempre se ve mejor desde fuera que desde dentro, lo he ido percibiendo con más claridad con mi padre, cuando empieza comentando —¿Otra vez lo mismo? ¡Qué pesados!— mientras alarga la mano para cambiar de canal (cosa infructuosa, puesto que en todos los canales las noticias son las mismas).
Supongo que es un poco como cuando usas una colonia, que el primer día nos huele fenomenal y nos inunda; al cabo del tiempo ni siquiera nos damos cuenta de que la llevamos puesta, ya no nos huele.
Y todo esto viene a que siguen cada día saliendo noticias de corruptos y corruptibles, tramas para llevarse el dinero público y privado, y nosotros ya las miramos con indiferencia, después del hartazgo. Se han normalizado como algo normal, del día a día. De hecho, hasta existen blogs en los que nos van explicando «el corrupto del día» o van haciendo porras sobre «el primer caso de corrupción del año». Todo como una broma lo que debería ser una tragedia. 
Mientras, algunos se aprovechan de esa normalización de la sinvergonzonería.

lunes, 9 de enero de 2017

La cuesta

Ayer escuchaba en televisión a un señor que entrevistaban por la calle, y que se preguntaba ante el reportero si la «cuesta de enero» sería hacia arriba o hacia abajo. Y lo que pueda parecer una chorrada, me hizo pensar bastante, pues me parece una reflexión muy profunda y de calado. En serio.
Porque a ver, uno empieza a pensar que la temida cuesta es hacia arriba, por aquello de que el mes se hace largo y tedioso, que hay que apretarse el cinturón (y no sólo para compensar los gastos navideños, sino porque el cinturón aprieta más después de tanta comida extra hipercalórica), que hay que esforzarse por retomar la rutina, bajar los kilos de más (consecuencia de los excesos que ya he dicho), y un largo etcétera de esfuerzos que hay que realizar.
Pero por otro lado, ¿y si es hacia abajo? Por aquello de que el año empieza a acelerarse, y cada vez va más y más rápido y se nos pasa volando (claro, se nos pasa volando a la gente de una cierta edad, a los jóvenes se les hace eterno). Y también porque uno empieza el año de una manera, pero al final quieres tomar un camino y no puedes porque una cosa lleva a la otra, y ves cómo siempre acabas de la misma manera el año (esto es, chocándote con el muro al final de la cuesta por no haber hecho ni la mitad de las cosas que te habías propuesto).
En fin, como quiera que sea, yo intentaré tomármelo con calma, echar el freno y relajarme y disfrutar del viaje, sea hacia arriba (en cuyo caso iré pasito a pasito y sin estresarme) o hacia abajo (en cuyo caso, iré poniendo un pie detrás de otro para no resbalar).

viernes, 30 de diciembre de 2016

¡Por fin!

¡Por fin es 30 de diciembre! Me queda media hora de trabajo y no vuelvo hasta el día 9. ¡Hala a la mierda todo! ¡Qué ganas tenía de irme ya por fin y poder descansar y dedicarme a mis asuntos! De momento esta tarde me voy de compras y pendoneo, que ya falta me hace, que pronto me van a tomar por un asocial a base de no hacer nada de lo que hacen las personas normales. Y por normales me refiero a... bueno, a lo que hay, tampoco vamos a pensar ahora sobre la normalidad. 
Bueno, que me lío, que ¡por fin! vacaciones. Y como es hora de mover el culillo, ahí va una canción que para mi es la triunfadora de 2016, ni canción del verano ni pollas en vinagre. CHICFY.


jueves, 29 de diciembre de 2016

"A tospe con la másquina"

Nada, la frasecita simplemente me recuerda a cuando era chico, una de las coñas que tenía con una de mis hermanas. Y es que llevo tiempo queriendo actualizar un poco mi blog, pero como me pasa siempre, hay veces que lo cojo con muchas ganas y quiero escribir y escribir, y otras veces que o bien no tengo ideas o bien no tengo tiempo. Y últimamente he tenido un poco de cada.
Me pongo en situación: mes de noviembre, empezamos a acelerar los ensayos para la obra de teatro que se estrenaba el 3 de diciembre dentro del festival de teatro. Poco a poco las tardes propias se van haciendo más cortas para ir dando paso a ensayos un poquito más largos e intensos. Al mismo tiempo, empezamos a ensayar un poquito más y nuevas canciones para la escuela de música, que el 17 y 20 de diciembre tenemos actuaciones de Navidad. Total, que cada vez menos tiempo por casa, y ya los últimos días faltando a un ensayo para poder ir a otro, escapándome de uno para bajar (o subir) una planta y entrar al otro, en fin, un sin Dios.
Poco a poco, las tardes se convirtieron en salir del trabajo, correr para comer en media hora gracias a la ayuda de mi madre, y salir de casa para no volver hasta las 10 o más. Un día y otro. Y claro, el cansancio se va acumulando, y llega un momento en que lo único que uno desea es que llegue el día 24 para estar tranquilo, a pesar del ruido, de las compras, de lo que sea, todo era más tranquilo. Las tardes de repente se han convertido en tiempo en el que poder salir, comprar, preparar ropa, comida, ¡JUGAR AL ORDENADOR! Ni yo me lo creo.
Ahora, pasados los días de "descanso" de diciembre, retomo la actividad en enero, gracias a mis vacaciones laborales, para preparar clases, materias, inglés, portugués, piano y todo lo que uno ha mandado bien al rincón durante estos últimos días de ocio.


lunes, 14 de noviembre de 2016

Y a pesar de todo, la vida sigue

Hay días y semanas en las que nos dejamos superar por los problemas. No digo yo que siempre sean nimiedades que van a más por nuestras obsesiones y por dejarnos llevar en nuestros pensamientos. Pero la mayoría de las veces no son más que eso, pequeños problemas, decisiones a tomar, que se tornan más y más grandes a base de irle dando vueltas en nuestra cabeza.
A mi me pasa infinidad de veces. Simplemente, por poner un ejemplo, con tener que planificar una salida de viernes y que haya incompatibilidad de horarios, ya me pongo en guardia y empiezo a preocuparme más de la cuenta, en algo que es simplemente un cuadrar cuentas para diversión. Otras veces nos preocupamos por no encontrar la ropa adecuada, por organizar un evento, por una molestia sin más importancia que el que se acrecenta a base de preocuparnos de ella. Todo esto empieza a relativizarse cuando vienen problemas mayores, o cuando, sobre todo, sentimos de verdad lo que es una preocupación, cuando muere alguien tan querido que sentimos una piedra en el corazón, cuando pasan los meses sin encontrar trabajo y hay que hacer más que malabarismos para llegar a fin de mes, cuando una enfermedad grave entra en nuestra casa, cosas que realmente suponen preocupaciones y grandes dificultades difíciles de superar. 
Es entonces cuando el resto de preocupaciones empiezan a relativizarse y vemos con la suficiente perspectiva como para darnos cuenta que nuestras preocupaciones diarias no tienen la mayor importancia que el ponerse manos a la obra para solucionarlas; porque no sólo son solucionables, sino muchas veces ni siquiera eran un problema. En comparación, uno se da cuenta de que no son nada. Es lo mismo que les pasa a la gente que no tiene aficiones ni vida propia, que cualquier cotilleo, una mirada, una palabra, son analizadas con tal detalle que empiezan a cobrar importancia. Supongo que todo es cuestión de perspectiva, de alejarse lo suficiente para darse cuenta de su dimensión.
Y todo esto viene a pensar de que a pesar de lo grandes que puedan parecernos nuestros problemas, a pesar de lo insalvables que puedan parecernos, la vida va a continuar, no merece la pena preocuparse de lo que no tiene importancia.



viernes, 4 de noviembre de 2016

Piel de mariposa

A veces, parece que la gente tiene la piel tan sensible como la de una mariposa. Me explico. No digo yo que haya que permitir la cantidad de burradas que se podían decir hace 10, 20 o 50 años, en las que podías reírte de personas con discapacidad, violencia doméstica, condiciones sexuales, y un largo etcétera de todo aquello que pudiera salirse de la norma. Y si no, sólo hay que recordar los famosos "chistes de mariquitas" de Arévalo (sí, ese ser que sigue paseándose por los teatros de España de la mano de otro tipo igual de gracioso, que se empeña en demostrar su hombría no sea que alguien vaya a dudar de él, que para eso es Bertín el macho). O el famoso sketch de Martes y Trece en el que nos reíamos (sí, yo no voy a negar pasados pecados) de cómo una mujer se quejaba de que su marido le pegaba. O el famoso "Soberano es cosa de hombres", slogan con el que invitaban a todos a demostrar que si eres un macho man español, tienes que beber cosas fuertes y emborracharte (y nada de bebidas refinadas, no vayas a ser un afrancesado), y que las mujeres te deben servir como si fueran un mueble más de la casa. Todo eso provocaban la risa, la carcajada y la hilaridad de millones de españoles, convirtiendo en gags el drama diario por el que tenían que pasar muchos, ya sea escondiéndose de la mirada pública, ya fuese aguantando lo que a diario se les venía encima. Hoy en día vemos estas actuaciones con estupor e incredulidad, la mayoría de las veces pensando si realmente la gente veía normal aquellas cosas en esa época y si realmente era así la vida. Pues sí, no solamente era normal y cotidiano ver estas actitudes, sino que además, para mucha gente, lo sigue siendo. Si no, no se entiende que aún Arévalo venda entradas mientras se queja de que en España ya no se pueden contar chistes de mariquitas, o que se sigan produciendo tantas desigualdades y discriminaciones hacia personas con discapacidad, mujeres, gays, o por ejemplo, personas en edad avanzada.
Pero igual que aquello me horroriza, me asombra cómo van de la mano las redes sociales y la indignación como respuesta a determinadas situaciones actuales, bien sea por los comentarios sobre unas declaraciones de tal, un anuncio de tal otro, o vaya usted a saber. Pongo dos ejemplos.
El primero, unas declaraciones del futbolista Iniesta, en las que un árbitro gay nos cuenta que "Iniesta me dijo que es normal que los jugadores no salgan del armario. 'Mira lo que te ha pasado a ti, imagínate lo que nos pasaría a nosotros'". Vale, pero ¿nos indigna que eso pase? ¿Acaso el que un jugador manifieste ese problema del fútbol lo hace más problema? Creo que simplemente se ha hablado sobre un tabú y la realidad, ni habla a favor de discriminar ni en contra, simplemente cuenta lo que existe. El problema real es esa presión que sufren, no unas declaraciones en este sentido, no entiendo que se le recrimine al futbolista por estas manifestaciones.
El segundo, el anuncio de Chicfy, una tienda de ropa online de segunda mano. Se le tacha de machista y de más porque en él una chica aparece bailando twerking y en un momento determinado la cámara hace un primer plano de su trasero en movimiento. Lo cierto es que ese primer plano sobra y es un poco sin sentido, si bien el anuncio en general no me parece nada diferente de lo que veo los fines de semana si sales de bares, creo que es un reflejo del comportamiento de muchas chicas cuando salen de fiesta. Me parece que lo censurable aquí no es el anuncio (que se retocó en televisión para quitar ese primer plano), sino el hecho de que el twerking es un baile hasta cierto punto degradante para la mujer. Es lo de siempre, la parte por el todo.
En mi opinión, hay que tener sentido común para todo, incluso para aceptar que independientemente de que nos guste un anuncio o una situación o no, hay cosas que no son censurables por el mero hecho de existir. Y que me preocupan mucho más determinadas mentalidades en las que estamos retrocediendo con el paso de los años.


lunes, 24 de octubre de 2016

Año sabático

Hay muchos días que el cuerpo te pide una pausa, sólo que unas veces es una pausa corta como de un cigarrillo (no fumo pero me viene bien despejar la cabeza y que me dé el aire), otros días apetece una pausa de un mes de vacaciones, y hay otros como hoy que lo que me apetece es un año sabático. Pero años de estos de no ver a nadie, de aislarme del mundo hasta haberme encontrado a mí mismo. 
No es que me encuentre mal, simplemente es que llevo unos días que no me apetece ver a nadie, me apetece estar en soledad, en silencio conmigo mismo. Meterme en mi habitación a hacer mis tareas, jugar al ordenador en silencio, simplemente dejar que el tiempo transcurra por mis venas, me traspase y me tranquilice. Que el tiempo me acune y me reconforte.
Puede que todo esto no sea más que una consecuencia de los días mortecinos que están pasando, o del hartazgo de tener que tratar diariamente con personas, que poco o nada me interesan sus conversaciones y sus problemas. Ahora me interesa centrarme en los míos, centrarme en mí. Y no, no estoy deprimido, simplemente necesitaría un año para dedicármelo a mirar en mi interior y volver a ser aquel que era, con sus intereses, su cabeza en su sitio y su felicidad innata.



martes, 18 de octubre de 2016

Nuestra burbuja

Todos vivimos aislados en una burbuja. Inevitablemente, debemos aislarnos del resto del mundo para tener una intimidad personal, queramos o no, es inevitable. Lo que nos hace diferentes es la capacidad que tenemos de elegir esa burbuja y su tamaño, lo transpirable y penetrable que es, y la capacidad para salirnos de ella.
No hablo de "la burbuja" como ese espacio vital que necesitamos para movernos, y que normalmente se refiere al espacio de cortesía que hay que dejar entre una persona y otra para no invadir su espacio personal (que es tan grande o tan pequeño como la aglomeración donde estemos y la empatía del prójimo). Hablo de la burbuja mental y de conciencia.
Pienso muchas veces que nadie tiene la capacidad para ser consciente de todo lo que le rodea, porque eso requeriría una cantidad de energía y de capacidad mental para la que no estamos preparados. El cerebro, por mera eficiencia, está diseñado para conseguir el máximo con la mínima cantidad de energía posible, y por eso hace que muchas veces ni siquiera percibamos cosas comunes, repetitivas, o irrelevantes para nuestro funcionamiento. Y esa eficiencia hace que hechos que pasan a nuestro alrededor pasen desapercibidos, bien porque estamos acostumbrados, bien porque no nos resulten relevantes en nuestra "supervivencia". Nuestro cerebro nos pide tener esa burbuja para poder funcionar correctamente. 
Es por todo esto por lo que nos volvemos inmunes a un mendigo, a los refugiados de guerra, a las hambrunas en países devastados por la climatología, a los niños explotados, a los ancianos en soledad, a las familias desahuciadas, a las familias en paro, y un largo etcétera. Son situaciones dolorosas, que sólo nos remueven la conciencia cuando una televisión se hace eco de ellas y les da publicidad, para a la semana siguiente pasar desapercibidas y dejar de existir, tanto en las noticias como en nuestra conciencia