lunes, 10 de octubre de 2016

Lo que menos apreciamos

Pasa muchas veces que tendemos a no valorar determinadas cosas que si lo pensáramos fríamente serían las que más valor tendrían. Eso pasa por ejemplo con la familia, los amigos, la salud, el bienestar en general, disfrutar del sol, de una brisa ligera en el rostro, de la paz, de la seguridad. Hay muchas cosas que damos por seguras porque siempre las tenemos ahí. Son esas cosas que no parecen tener un hueco en el día a día, no nos preocupan, porque damos por hecho que van a continuar en el tiempo. Y sólo somos conscientes de ellas en el momento en que las perdemos.
Es en ese instante cuando de repente acuden mil sensaciones a nuestra mente, y pensamos en todo lo que podíamos haber disfrutado de ellas y no lo hemos hecho. Esos paseos con temperatura primaveral que no hemos dado porque nos apetecía más estar sentados viendo la tele. Esos ratos de charla con los padres porque preferíamos encerrarnos a jugar al ordenador. Esas tardes con amigos que hemos pospuesto por qué se yo. Y sólo cuando pensamos lo que no hemos hecho, le damos el valor real que tienen. Y ponemos en una balanza todo lo que nos ocupa el tiempo, y nos damos cuenta de lo tonto que fuimos por dedicarlos a cosas inútiles. Muchas veces hemos echado el rato muerto leyendo Twitter, viendo vídeos de Facebook, viendo un programa de la tele que no nos interesa, buscando información de esa cosa que jamás vamos a llevar a cabo, y mil prioridades que no tendrían prioridad alguna si observáramos el todo y no la parte.
Esas cosas que no apreciamos, intangibles pero que siempre están con nosotros, esas son las que más valen.



miércoles, 5 de octubre de 2016

Lo que me sobra es el trabajo

A veces da uno en pensar que no tiene tiempo libre, que apenas da de sí el día para todas aquellas cosas que uno quiere hacer: atender la casa, preparar la comida, estudiar idiomas, pasar tiempo con la familia, estar al día en series y películas, leer un libro, echar ratitos de café con amigos, y una larga lista según la persona. Y así se nos ve estresados, agobiados por no poder abarcar todo, no tener tiempo para nosotros, para salir a dar un paseo o hacer un poco de ejercicio, tumbarnos en el sofá escuchando música y relajarnos, no disfrutar lo suficiente de la vida, de los amigos, de la familia. 
Muchas veces me he parado a reflexionar cómo hacer una mejor gestión del tiempo, para al cabo darse cuenta de que por más encajes que haga, por más que lo intente, siempre algo tiene que quedar atrás. Aveces, ese atrás llega a ser incluso el sueño y el descanso, lo que repercute posteriormente en un malestar y tener que parar en algún momento. Y es que si algo me ha quedado claro, es que a mi no me falta tiempo libre, me sobra el trabajo. El sueldo no, vale, lo reconozco. Pero sí las horas echadas en la oficina, muchas veces meras horas presentistas en las que simplemente permanezco para cumplir el tiempo porque las tareas ya están terminadas. Esas horas se podrían dedicar... no sé, por ejemplo a hacer deporte, o a hacer yoga. Algo productivo, vaya.



lunes, 3 de octubre de 2016

Me gustan los líos

Y no me refiero a los líos como sinónimo de problemas, sino que me gusta liarme en mi vida, en general. Y es que no hay actividad en la que diga "creo que paso". Se presenta una oportunidad y en seguida estoy pensando en cómo podría encajarla en mi vida, ya sea el coleccionar algo o, como en este caso, el realizar una actividad más. Como si ya tuviera poco con lo que tengo (que no sé de dónde voy a sacar el tiempo), ahora estoy planteándome si empezar a estudiar clarinete.
Vale, es un poco extraño, lo sé. De hecho, hasta hace no mucho no me había planteado añadir más instrumentos musicales a mi currículum, pero sí que me apetecería estudiar cello, porque me parece un sonido precioso, tan suave, tan cautivador, que es imposible negarse a sus encantos. Pero en vista de que no hay posibilidades de estudiarlo aquí, y de momento es imposible desplazarme para recibir clases fuera, no tengo si no que renunciar temporalmente a disfrutar y sufrir con el cello. Y en vista de que este año mi escuela de música amplía su oferta, el clarinete no me parece una mala opción. Sin duda, mucho mejor para mi que una trompeta o un saxo, y eligiendo entre flauta y clarinete... creo que la opción es clara, la flauta me produciría dolores de cabeza con los agudos y no me veo tocando de medio lado (con perdón por mi desconocimiento, pero la postura me parece harto incómoda). 
Así estoy ahora, debatiéndome en si tirarme a la piscina y liarme más, o hacer caso a mi cabeza y a la cordura y renunciar a esta oportunidad. ¿Quién dijo miedo?



viernes, 30 de septiembre de 2016

La guerra del PSOE

Aunque no me guste demasiado hablar de política, y de hecho he pasado de puntillas sobre temas importantes, creo que la ocasión lo merece. De repente se ha levantado una guerra interna en el PSOE, algo que se veía venir desde hacía tiempo, pero que nadie imaginaba que fuera de una manera tan repentina y absurda. Y es que ayer se han ido produciendo a lo largo del día declaraciones, manifestaciones y hasta un encadenamiento a la puerta de una sede. Esperpento por ambos bandos: los unos encerrados en las llamadas "Casas del Pueblo" como si fueran búnkeres; los otros dando ruedas de prensa a las puertas, emitiendo en directo cómo no podían entrar en las sedes. Y declaraciones, muchas declaraciones. Sonrisitas cómplices en el resto del partido, disfrutando como vampiros en la sombra de la carnicería que se presentaba a la opinión pública.
Y fuera de lo noticiable, pues como este blog es mio, está lo opinable. Me parece una situación lamentable, como digo, esperpéntica, donde pesa más el egoísmo personal y el posicionamiento estratégico que el afán de servicio público. Y si bien se puede entender que quizá, y sólo quizá, se intente servir al partido en lo que buenamente cada uno piensa que será lo mejor para remontar y mejorar los últimos resultados, estas cosas deberían hacerse en privado, de puertas adentro y con la mayor de las discreciones; nunca usando a los periodistas y los medios de comunicación para abrir una guerra sucia y hacer el ridículo de tal manera. 
Tal y como escuché ayer, seas o no simpatizante socialista, lo cierto es que ha sido un partido de gobierno, que ha marcado una época en nuestro país, y es triste verlo en esta situación.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Eliminar lo tóxico

Pues no, no pienso hablar de las elecciones gallegas y vascas, más que nada porque últimamente la política es una mierda muy grande, y porque no ha sucedido nada que no se esperase: PP arrasa en Galicia, Sorpasso de Podemos al PSOE, y PSOE como un buque naufragando en aguas profundas. Lo que últimamente me ocupa la cabeza es intentar simplificar mi relación con las redes sociales.
Es cierto que, en general, empiezo a acumular y acumular, bien trastos, bien desorden, bien otras cosas que no valen para nada (incluyo aquí amistades desagradecidas). En un momento determinado, me da por ordenar, organizar y reciclar. Muchas veces me pongo a colocar mis papeles de la oficina, tirando lo que creo que no vale, y reorganizando todo lo demás. Otras veces en mi cuarto, en mi ordenador, en el móvil, el mismo procedimiento. Me invade un ansia desaforada de tirar y tirar, borrar archivos, y eliminar y simplificar. Y en el durante y en el después, me invade un placer por haber logrado deshacerme de todo lo inútil, y haber dado orden a mi vida (sí, ordenar cuatro papeles también lo considero orden en mi vida). 
Pues ahora me ha dado por hacer lo mismo en redes sociales, comenzando por Twitter. Y es que llegó un momento en que me di cuenta de que no hacía más que ver twits de gente que me interesaba más bien poco, que no me aportaban nada, y a los que tenía cierta manía; gente superficial y sin intereses en común; gente que además se mueven en un mundillo que me desagrada. Y como no hay nada más fácil que ir pulsando botones para eliminar, a eso me he ido dedicando estas últimas semanas, a borrar todo rastro de gente que no me interesaba lo más mínimo. Seguiré con Facebook -eliminado aquellos que no puedo considerar amigos- y supongo que finalmente eliminando hasta las redes sociales en sí, pues alguna seguro que me aporta menos que poco. ¡Y me quedaré tan a gusto! 


martes, 16 de agosto de 2016

Las que nos salvan el culo

En la vorágine de noticias que van pasando en las últimas semana, una de ellas es sin duda los Juegos Olímpicos de Río 2016. Y no sólo por el cúmulo de despropósitos que vienen siendo los juegos en sí, sino también por la nefasta actuación por parte de los deportistas españoles.
Como diría un amigo, todo viene porque hay que partir del fomento del deporte desde las bases, y de aquellos barros, estos lodos. Es decir, si no se ha hecho un esfuerzo en promover el deporte desde todos los ámbitos, no podemos esperar que resulten medallas olímpicas, pues la actuación de los deportistas es más bien modesta. Como comparación odiosa podemos enfrentar los medalleros de España y Australia, bien diferentes. Australia cuenta con una población aproximada de 23 millones de habitantes, frente a los 46 millones de España. Sería pues normal prever que deberíamos tener el doble de medallas que ellos, a ojo. Pues bien, en Londres 2012, Autralia resultó con 35 medallas (7 oros) y España con 17 (3 oros), lo que viene siendo más o menos la mitad.
Y no sólo eso, sino que las menospreciadas deportistas españolas, de las que no se habla más que de cuatro en cuatro años, de las que se destaca más el físico que su trabajo deportivo, son ellas las que están sumando medallas al marcador español. Porque si no fuera por ellas, nos hubiéramos comido un mojón (sí, vale, Nadal tiene un oro, pero las otro cuatro medallas son femeninas). Y aun así, se sigue hablando de las mujeres como algo residual en el deporte español. Y a pesar de su trabajo, parece que lo más importante en los telediarios son las noticias sobre de qué color se ha teñido el pelo tal futbolista (como ya me importa poco el fútbol, encima noticias de mierda sobre la vida privada de los futbolistas; por ahí no, por favor), sobre el último fichaje (o rumor de fichaje) de no se qué equipo de fútbol, o, si no hay noticias porque no hay competiciones, un "careo" entre dos futbolistas rivales con preguntas de lo más triviales sobre su vida.
Esos mal llamados periodistas "deportivos" más bien son periodistas futbolísticos, porque cuando se meten en los pantanos de otros deportes, ni siquiera tienen la más mínima idea de nada, dando noticias llenas de inexactitudes e incluso surrealistas, o bien ni siquiera saben los nombres de los deportistas españoles que están en el top mundial (véase el caso de llamar a Mireia Belmonte como "Mireia del Monte"). Gracias a todas las que no desisten y siguen dando todo su esfuerzo.



PD: Pongo esta versión, primero porque nunca me ha gustado el Dúo Dinámico, segundo porque su canción Quince Años me parece una apología del machismo y la pedofilia, y tercero, porque las películas de Almodóvar tienen un halo especial.

lunes, 15 de agosto de 2016

Los quejicas

Como dicen, en el mundo tiene que haber de todo. Ya alguna vez comenté que todos tenemos nuestra cuota de tontos. Pero igual que hay tontos por el mundo, también hay listos, listillos, sin-alma, pusilánimes, pasivos, alegres, buenrollistas, fieles, almas-libres, y un sinfín de clasificaciones por las que podemos medir a las personas (por supuesto, siempre con filosofía de barra de bar). Y luego, entre todas esas, están los quejicas.
Los quejicas son una raza humana que se basa en que el mundo está contra ellos como premisa fundamental de su filosofía de vida. No importa que sean otras personas, objetos, o el mismo clima. Si algo existe, está para joderles. A esta premisa, que llamaremos básica 1, se une la premisa básica 2, que es: todo lo que existe está mal. Es decir, por bueno que algo pueda parecer, ellos le sacarán siempre alguna pega, algún defecto, que por el método de la hipérbole, llevarán a su máxima expresión en su imaginación, exagerándolo hasta deformar la realidad lo suficiente como para crear una realidad paralela que sólo ellos ven. 
Estas personas crean en su persona un agujero negro de quejas, haciendo que, si permaneces el tiempo suficiente a su lado, acabes viendo defectos donde antes sólo veías buen rollo y cosas chulas. Poco a poco te absorben en su órbita y te resulta más difícil salir de sus obsesiones. Incluso llega un momento que les justificas. Y otro momento en que empiezas a pensar como ellos. Absorben tu energía, y como vampiros que se nutren de la alegría ajena, van poco a poco chupando y chupando hasta que quedas sin energía y sientes que te faltan las energías vitales. Si en algún momento te sientes así, huye, o será demasiado tarde como para deshacerte de ellos. 


viernes, 12 de agosto de 2016

Libertad de expresión

Hace muy poquito se ha generado una (mini)polémica cuando en una fiesta de apoyo al colectivo LGTB se ha pinchado la canción Puto, de Molotov, y ante el malestar de los asistentes, el alcalde ha prometido que se iba a prohibir que esa canción pudiera ponerse de nuevo en sucesivas ocasiones. He aquí la noticia (http://www.eldiario.es/madrid0/Polemica-fiestas-Lavapies-Matarile-maricon_0_546645529.html).
Y la polémica viene de lo que algunos garrulos dicen de que "se esté limitando la libertad de expresión" en pos de la ofensa que puedan sentir algunos por una canción "que no es más que inofensiva, porque no se dirige a violencia concreta contra nadie".
A ver, criaturitas, una canción donde se dice literalmente "matarile al maricón"... ¿no está incitando a la violencia? Que dar matarile no es buscar las llaves en el fondo del mar. Dar matarile es matar, asesinar, torturar hasta la muerte. Y claro, una canción donde se incita a dar muerte a cualquiera que tenga mi condición, pues sí, es incitar a la violencia. ¿Dónde está marcado el límite de la libertad de expresión? Pues bien claro, en el respeto a los derechos de los demás, es de perogrullo. ¿O es que nos parecerían bien canciones que invitaran a pegarle a las mujeres, a la pedofilia, a maltratar animales, o a asesinar políticos? ¿Alguien cree que esas canciones no serían objeto de prohibición cuando no constitutivas de delito? ¿Es que los maricones tienen menos derecho porque es muy gracioso salir a matarlos?
Y me callo que no quiero encenderme más. Ya bastante grave me parece que existan canciones así, como para encima no poder pedir que no se pinchen en fiestas públicas. Manda cojones con los defensores de la libertad de expresión, que luego bien que se afanan en prohibir y pedir la retirada de aquello que les ofende contra sus ideas y moral. Anda a tomar por culo ya. Vivid y dejad vivir en libertad y en paz, y vivid vuestra propia vida sin meteros con la de los demás.



jueves, 11 de agosto de 2016

Otro parón

Hola de nuevo.
Pues sí, yo soy así, a veces tomo las cosas con ganas y otras veces me da pereza escribir. No quiere decir que ya me haya aburrido y lo deje definitivamente, sólo que hay cosas que me ocupan más el tiempo. En este caso, de nuevo, el festival medieval Boda Regia, que me ha tenido unos dos meses en un sinvivir, trabajando por las mañanas y ensayando tardes (y noches enteras). Pero por fin acabó, y después de un par de días de descanso, me permite volver a mi vida "normal", si es que se puede llamar así. Y como siempre, "a Dios pongo de testigo que jamás volveré a" pringarme tanto en esto. Vale, no es muy coherente, año tras año digo lo mismo, pero juro que cada vez me pringo menos. Lo que pasa que este año me han pillado así a traición, y lo que yo pensaba que sería un papelito corto, ha sido más intenso que un café portugués. De hecho, me dije, tengo menos papeles que otros años. ¡¡Pero qué papel el de aquel viernes!! ¡Qué de líneas y líneas de texto! 
Pero bueno, como ya he dicho, ya pasó, y pasará, porque a mi no me vuelven a pillar el próximo año, ni corto ni largo que sea, que se lo queden y se lo lleven por ahí, que yo con mi bastón de mando de alcaldía por dos días tengo bastante. 
En fin, pues espero poder seguir escribiendo, que parece que el verano viene cargadito de noticias y actualidad, así que espero seguir el ritmo para recuperar tiempos perdidos.